El promotor o la propiedad
Decide, financia y quiere saber qué se lleva al final. Con él la conversación es de activos y de propiedad: qué queda cuando termina la promoción.
Una promotora no vende un stock permanente: vende un producto que aún no existe, durante una ventana que se abre y se cierra, a un comprador que decide sobre un plano. Casi todo lo que funciona en marketing inmobiliario de segunda mano falla aquí.
Una agencia inmobiliaria vende lo que ya se puede visitar, con fotos de lo que hay, y su problema es la captación de producto. Una promotora vende lo que todavía es una parcela con una valla, con renders en lugar de fotos, y su problema es el ritmo: vender lo suficiente en preventa para que la financiación y la obra respiren.
Eso cambia todo el trabajo. El contenido tiene que sustituir a la visita, porque no hay nada que visitar. La confianza tiene que sustituir a la evidencia, porque el comprador está pagando por adelantado algo que verá dentro de dos años. Y el calendario no lo manda el marketing: lo manda la obra.

Mientras la promoción es una parcela con una valla, lo único que avanza cada mes es la obra. Es material gratuito, ya pagado, y casi siempre desaprovechado: se queda en el móvil del jefe de obra.
Una fotografía mensual de la estructura, un vídeo corto del forjado que se echa, el primer ladrillo de la fachada. No convence solo a quien duda: tranquiliza a quien ya firmó y está pagando por algo que no puede ver.
Se vende una idea y una promotora. Pesan el render, la memoria de calidades, la ubicación explicada de verdad y la solvencia de quien construye. El objetivo no es el volumen de contactos, es la lista de interesados cualificados que sostiene el arranque.
Se vende el avance. Las fotos reales de la estructura valen más que cualquier render, y el ritmo de publicación sostiene la confianza de los que ya firmaron y convence a los que dudan. Es el momento de abrir los mercados extranjeros.
Cambia el producto: ya no se vende la promoción, se venden las unidades que quedan, casi siempre las menos fáciles. Fichas por unidad, campañas estrechas y precisión. Y se prepara el traspaso de todo a la promoción siguiente.
El encargo se parece poco según de quién viene, y conviene decirlo antes de la primera reunión.
Decide, financia y quiere saber qué se lleva al final. Con él la conversación es de activos y de propiedad: qué queda cuando termina la promoción.
Vive de los contactos que le llegan. Con él la conversación es de calidad y de velocidad: cuántos entran, en qué idioma, cuánto tardan en responderse y cuáles merecen una llamada.
Necesita que la marca corporativa y cada promoción convivan sin canibalizarse. Con ella la conversación es de arquitectura: qué vive en la web de la empresa y qué vive en la de cada producto.
No llevamos la comunicación corporativa, ni la marca empleadora, ni el plan de medios offline, ni las publicaciones diarias en redes por el hecho de publicar. Hay agencias que lo hacen bien y no es lo nuestro.
Lo nuestro es una cosa concreta: que una promoción de obra nueva tenga su propio canal de venta digital, en varios idiomas, y que la promotora sea la dueña de todo lo que se construye. Cuando lo que hace falta es otra cosa, lo decimos en la primera conversación.
Cada pieza se puede leer por separado, pero solo funcionan juntas: una web sin idiomas no capta fuera, y una captación sin medición no se puede corregir.
El activo central. Por qué la web de la promoción no es la web corporativa de la promotora, y qué tiene dentro.
Estructura multilingüe, hreflang y SEO internacional para competir en el país del comprador y no solo en España.
Cómo entran los contactos, cómo se atribuyen a su origen y cómo se sabe qué canal pagó las llaves.
Contenido, publicación y community management de la promoción: quién responde los mensajes, con qué tono y en cuánto tiempo.
Quién compra, desde dónde, en qué idioma y en qué momento del año empieza a buscar.
La página que lo explica entero: el problema del canal prestado y cómo se construye uno propio.
Normalmente no, porque hacen cosas distintas. Ellos suelen llevar la marca y las redes de la empresa; aquí se construye el canal de venta de una promoción concreta. Lo que sí hay que repartir por escrito desde el principio es quién toca las cuentas publicitarias.
Por promoción, porque es la unidad que se vende y la que se puede medir. Cuando hay varias en marcha se ordenan por prioridad y se comparte lo que se puede compartir, empezando por los textos y los idiomas.
No, y sería mala idea. Quien enseña la promoción, negocia y firma es su equipo. Nosotros hacemos que el contacto llegue, llegue en su idioma y llegue con su origen anotado.
Nombre del proyecto, municipio, número de unidades y punto en el que está la obra. Con eso ya se puede decir si esto encaja o no encaja.