Una página por tipología
Cada tipo de vivienda con su plano acotado, sus metros, su orientación y su precio comunicado como usted decida. Es lo que se posiciona y es lo que el comprador compara.
Es la pieza sobre la que se apoya todo lo demás: la dirección en internet donde el comprador llega, entiende el producto y deja su contacto. Sin ella, la captación lleva tráfico a la casa de otro.

La web corporativa de la promotora habla de la empresa: quién es, qué ha construido, con quién trabaja. Da confianza y casi siempre hay que tenerla. Pero no vende una promoción concreta, porque no está escrita para el que busca una vivienda en un municipio y con un presupuesto.
La web de la promoción habla de un solo producto. Tiene su nombre, su dirección, sus tipologías, sus planos y su ruta de contacto. Compite en las búsquedas de ese producto y en ese municipio, cosa que la corporativa no puede hacer sin volverse ilegible.
Las dos conviven y se enlazan: la promoción presta credibilidad a la empresa y la empresa presta solvencia a la promoción. Lo que no funciona es meter la promoción en una pestaña de la corporativa y esperar que posicione.
No es una landing bonita con un formulario. Es una estructura pensada para que un comprador que está a dos mil kilómetros decida sin visitar.
Cada tipo de vivienda con su plano acotado, sus metros, su orientación y su precio comunicado como usted decida. Es lo que se posiciona y es lo que el comprador compara.
Un PDF por tipología, en cada idioma, para que el interesado lo guarde, lo reenvíe a su pareja y lo enseñe a su banco. Se descarga a cambio de un contacto, o sin él: es una decisión comercial.
Distancias reales al mar, al aeropuerto, al centro de salud y al colegio. Es la primera pregunta del comprador extranjero y casi nunca está respondida.
Formulario breve, WhatsApp visible y teléfono real. Cada vía identificada para saber después cuál trajo qué.
Se mira en un teléfono, muchas veces con mala cobertura. Las imágenes van comprimidas y dimensionadas, y la página se prueba en un móvil de verdad, no en un portátil.
Canonical, hreflang, sitemap, datos estructurados y URLs limpias desde el primer día. Corregirlo después cuesta el triple.
Es la línea que conviene leer dos veces en cualquier presupuesto de agencia. El dominio de la promoción se registra a nombre de la promotora, con su correo de administración, y los accesos se entregan por escrito.
La consecuencia es sencilla: si un día dejamos de trabajar juntos, no hay nada que rescatar ni nada que negociar. La web sigue en línea, sigue posicionando y sigue siendo suya.
Cada pieza se puede leer por separado, pero solo funcionan juntas: una web sin idiomas no capta fuera, y una captación sin medición no se puede corregir.
Qué necesita una promotora que una agencia generalista no suele entender: el ciclo de la promoción, la preventa y el equipo comercial.
Estructura multilingüe, hreflang y SEO internacional para competir en el país del comprador y no solo en España.
Cómo entran los contactos, cómo se atribuyen a su origen y cómo se sabe qué canal pagó las llaves.
Contenido, publicación y community management de la promoción: quién responde los mensajes, con qué tono y en cuánto tiempo.
Quién compra, desde dónde, en qué idioma y en qué momento del año empieza a buscar.
La página que lo explica entero: el problema del canal prestado y cómo se construye uno propio.
Se decide entonces, y hay tres caminos razonables: dejarla como referencia de lo construido, redirigirla a la promoción siguiente para no perder el posicionamiento ganado, o convertirla en la página de la comunidad de propietarios. Lo que no hacemos es apagarla sin avisar.
Casi siempre sí, y es la opción que mejor posiciona, porque el nombre de la promoción es lo que la gente busca. La alternativa, una carpeta dentro de la web corporativa, es defendible cuando hay muchas promociones pequeñas y seguidas.
Se audita antes de tocar nada. A veces solo le falta la parte técnica y los idiomas, y rehacerla sería tirar dinero. Cuando de verdad conviene rehacerla, se dice con los motivos por escrito.
Si la promoción tiene web, la miramos y le decimos qué falta. Si no la tiene, le decimos qué haría falta para montarla. En ambos casos es una conversación corta.